El voluntariado en el acompañamiento de personas al final de su vida es una labor profundamente humana, que requiere gran dedicación y empatía. Sin embargo, uno de los momentos más difíciles para un voluntario es el fallecimiento de la persona a la que ha estado acompañando. Es muy importante saber qué hacer en esos momentos, cómo manejar las emociones y brindar apoyo tanto a los familiares del fallecido como a uno mismo como voluntario.
El fallecimiento de la persona a la que se acompaña puede provocar una serie de reacciones emocionales en el voluntario, como tristeza, alivio (si la persona estaba sufriendo mucho), culpa, o incluso shock. Estas emociones son completamente naturales y es importante que el voluntario las reconozca y no las reprima.
Reconocer y gestionar estas emociones es crucial para el bienestar de la persona voluntaria, que puede necesitar tiempo para procesar la situación y entender sus propios sentimientos.
Los familiares pueden estar en shock o atravesando un proceso emocional complejo. Como voluntario, el rol es brindar apoyo emocional y acompañarlos en ese momento, cuidando aspectos como:
- La delicadeza en la comunicación: Informar a los familiares de manera clara, pero sensible. Usar un tono de voz tranquilo y ofrecer apoyo sin invadir el espacio personal de la familia.
- Ofrecer apoyo emocional: Los familiares pueden necesitar tiempo para procesar la noticia. Escuchar sin dar consejos no solicitados es una de las formas más efectivas de acompañarlos. Estar presente y, si es necesario, coordinar el apoyo adicional que puedan requerir.
- Empatía y presencia: A veces, la mejor manera de ayudar es simplemente estar ahí, mostrar apoyo emocional y no apresurarse a resolver nada.
Aunque el aspecto emocional es crucial, también hay varios trámites y tareas logísticas que deben abordarse tras el fallecimiento:
- Contactar con los servicios funerarios: En ocasiones, el voluntario puede ser requerido para ayudar a coordinar los primeros pasos con la funeraria, como la preparación del cuerpo o la planificación de los servicios funerarios.
- Servir de nexo para comunicar la noticia al entorno más cercano: Hay situaciones en las que las familias no se encuentran preparadas para contarles a sus seres queridos lo que ha ocurrido y será de gran utilidad una mano amiga que les ayude.
- Organizar el espacio y los objetos personales:
Pasado un tiempo del fallecimiento, el voluntario puede ayudar a organizar los efectos personales de la persona fallecida. Sin embargo, siempre es imprescindible pedir la autorización de la familia para hacerlo, pues puede ser un momento delicado.
El proceso de acompañar a una persona en sus últimos momentos puede ser emocionalmente agotador. El voluntario debe priorizar su propio bienestar:
- Procesar las emociones: Hablar con otros voluntarios o con un supervisor puede ayudar a entender el impacto emocional del fallecimiento.
- Buscar apoyo psicológico: En algunos casos, el voluntario puede necesitar hablar con un profesional para gestionar mejor el duelo o los sentimientos de culpa.
- Autocuidado: Practicar técnicas de relajación, como la meditación o el ejercicio físico, puede ayudar a aliviar el estrés y mejorar el bienestar emocional.
El papel de la organización de voluntariado
Las organizaciones que gestionan los programas de voluntariado deben ofrecer un sólido sistema de apoyo para las personas voluntarias que atraviesan situaciones difíciles como el fallecimiento de una persona a la que han acompañado.
Se les debe proporcionar un espacio para hablar sobre las experiencias vividas y ofrecer formación sobre cómo manejar estas situaciones.
Los coordinadores de voluntarios deben asegurarse de que los voluntarios tengan apoyo emocional o psicológico tras el fallecimiento de la persona acompañada.
La organización debe formar a los voluntarios sobre los aspectos emocionales y logísticos del acompañamiento en el final de la vida, lo que los prepara mejor para afrontar estas situaciones.
El duelo del voluntario
Los voluntarios también pasan por un proceso de duelo cuando pierden a una persona a la que han acompañado.
Aunque el voluntario no tiene una relación familiar con la persona fallecida, la conexión emocional puede ser profunda. Reconocer este proceso como un duelo válido es determinante.
Hay que ayudar al voluntario a identificar sus emociones, permitiéndole experimentar el dolor y la tristeza sin juicio.
Otra de las herramientas que se pueden utilizar es la participación en un grupo de apoyo o recibir acompañamiento individual para procesar el duelo.
En conclusión, el fallecimiento de una persona a la que se acompaña como voluntario es un momento complejo y cargado de emociones. Sin embargo, saber actuar con sensibilidad, empatía y responsabilidad es primordial para brindar el apoyo adecuado tanto a los familiares como a uno mismo. El acompañamiento en el final de la vida es un acto de profunda humanidad y el manejo adecuado de estos momentos permite que los voluntarios puedan continuar con su labor de forma saludable y respetuosa.

