El duelo es el proceso normal y necesario de adaptación ante una pérdida. Durante este periodo se irán asumiendo los cambios que, tras el fallecimiento de un ser querido, inevitablemente se producirán en el entorno y en nosotros mismos.
Esta situación suele provocar reacciones intensas, tanto emocionales como físicas. Cada persona expresa este dolor de manera diferente: llorando, aislándose, enfadándose, gritando, a través de la escritura… No hay una forma mejor que otra. Sentir dolor y expresarlo es una necesidad y un alivio. No tema manifestarlo. Sus seres queridos van a comprenderlo. Recuerde, además, que todos contamos con los recursos necesarios para afrontar el duelo de una forma natural y saludable.
¿Cómo superar el duelo?
Mientras asimila la pérdida de su ser querido, atravesará momentos de negación, tristeza o irritación que, poco a poco, se irán diluyendo. Hasta que esto suceda, los más allegados serán el mejor apoyo para hacerle más llevadera esta travesía. Un duelo que no se expresa es un duelo que no se sana. Si se encuentra mal, comparta sus sentimientos con alguien cercano. Desahóguese cuando lo necesite, hable de lo ocurrido y de cómo se siente. Comprobará que luego está más sereno.
En otras ocasiones quizás no desee hablar, pero podrá encontrar consuelo con otras muestras de afecto. Gestos como un abrazo o aceptar un plan de ocio con un amigo para desconectar le resultarán muy reconfortantes.
En cualquier caso, el hecho de reconocerse vulnerable es un primer paso para comenzar a superar el duelo.
¿Cuánto dura la fase del duelo?
La duración de la fase del duelo no es igual para todas las personas, ya que depende de muchos factores, como la relación que teníamos con la persona fallecida, nuestra personalidad y experiencias previas, el apoyo social y las circunstancias de la propia pérdida.
El duelo no tiene una duración fija, pero suele hablarse de un proceso que puede durar entre seis meses y dos años. En algunos casos, el dolor se atenúa con el paso de los meses, permitiendo que la persona se adapte poco a poco a la ausencia y recupere el sentido de su vida cotidiana.
Sin embargo, cuando el sufrimiento se prolonga de forma intensa y persistente, interfiriendo gravemente en el día a día, puede tratarse de un duelo complicado o patológico, que requiere apoyo psicológico especializado.
A veces, el sufrimiento es tan grande que muchas personas piensan que nunca acabará, pero el duelo terminará.
Aunque cada uno lo sentirá de una manera, casi todo el mundo experimentará en mayor o menor medida una serie de fases. La psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross identifica cinco etapas:
1. Negación: “Esto no me puede estar pasando”.
2. Ira: “¿Por qué a mí?” “La vida no es justa conmigo”.
3. Negociación: “¿Qué hubiera pasado si…? ¿Y si hubiese hecho las cosas de otra manera?” Además de pensamientos como: “A partir de ahora, me comportaré de otra forma para que esto no me vuelva a pasar”
4. Depresión: “Nada tiene sentido sin él/ella. Me gustaría que vuelva”.
5. Aceptación: “Las cosas han sucedido así y no puedo hacer nada”.
Es importante entender que la duración del duelo no guarda relación con la intensidad de su amor por la persona fallecida. Cada uno exterioriza sus sentimientos y asimila los hechos de una forma diferente.
El sufrimiento irá disminuyendo con el tiempo y no es necesario apresurarse. Los familiares y amigos querrán vernos recuperados enseguida. Incluso nosotros mismos pretenderemos sobreponernos cuanto antes, pero es un proceso que, tanto nuestro entorno como nosotros, debemos asumir con paciencia.
En la fase de aceptación, el dolor se transformará en añoranza y amor por la persona fallecida. Este nuevo sentimiento le permitirá retomar la normalidad en su vida, dejando atrás la pena y el desconsuelo.
¿Cómo sobrellevar la pérdida de un ser querido en mi día a día?
Lo mejor que puede hacer por usted durante el duelo es cuidarse. No abandone su vida cotidiana y procure dedicarse más tiempo. Busque la compañía de sus amigos y familiares, vaya al trabajo, siga con sus rutinas y tómese los respiros que considere necesarios. Los demás lo entenderán y lo respetarán.
Asimismo, esté atento a los signos de alerta. Si pasado más de un mes no consigue comer, dormir o atender sus quehaceres cotidianos, no dude en buscar la ayuda de un profesional.
El acompañamiento en el duelo
El fallecimiento de un ser querido es un momento angustioso en el que la presencia de otras personas se hace imprescindible. La mejor ayuda es hacer saber al doliente que no está solo.
El acompañamiento en el duelo consiste precisamente en ofrecer esa presencia y apoyo de manera sensible y respetuosa. Implica estar disponible para escuchar sin juzgar, permitir que la persona exprese su tristeza, su enojo o su confusión, y acompañarla en su proceso de aceptación de la pérdida. No se trata de dar consejos ni de intentar que el doliente “supere” rápidamente su dolor, sino de estar ahí con empatía y paciencia, reconociendo su sufrimiento y validando sus emociones.
¿Cómo acompañar en el duelo?
El acompañamiento puede darse a través de gestos sencillos, como una palabra de consuelo, una llamada o, simplemente, compartiendo el silencio. De esta manera, el doliente encuentra en la compañía de los demás un sostén emocional que le ayuda a transitar el duelo de forma más saludable y a recuperar poco a poco su equilibrio interior.
No existen reglas ni fórmulas que sirvan para todas las personas. Lo primero es hacer ver a ese familiar o amigo afligido que estamos cerca para lo que necesite. Nuestra compañía será suficiente para reconfortarle, sin necesidad de decir apenas nada. En general, se aconseja evitar frases como “entiendo lo que sientes”, “hay que seguir adelante” o “tienes que ser fuerte”.
Es más importante saber escuchar que pensar en qué decir. La persona que acaba de perder a alguien muy querido no necesita tanto que le digan cosas como decirlas ella. Sin llegar a insistir en exceso, puede darle pie a expresar lo que siente, que le cuente lo que estaba haciendo cuando ocurrió el deceso o cualquier otro recuerdo relacionado con el fallecido.
Retome estas conversaciones con cierta frecuencia, aunque vuelva a oír lo mismo. Si el doliente se repite, es porque lo necesita.
Incluso si ha pasado algo de tiempo desde el fallecimiento, no espere a que la persona en duelo le pida ayuda. Lo mejor es brindársela de antemano.
Haga una visita siempre que pueda. Ofrézcale su apoyo para realizar las tareas cotidianas: acompañarle a la compra, ir al médico, estudiar juntos, poner una lavadora, compartir parte del trayecto al trabajo… Procure estar presente, pero sin atosigar.
El duelo sin despedida
Al dolor por la pérdida de un ser querido, en determinadas situaciones se suman los sentimientos provocados por no habernos despedido de él. Es el caso de los miles de personas que han perdido a alguien en una emergencia sanitaria, como la pandemia de la COVID-19, o cualquier otra circunstancia que no permita llegar a tiempo para dar un último adiós.
Esta difícil realidad ha reafirmado la importancia que tienen los velatorios, las ceremonias y los rituales en el proceso de duelo. No solo dan la posibilidad de recibir consuelo y cariño por parte de los familiares, sino que son esenciales para asimilar la pérdida. Por ello, los expertos aconsejan que, cuando la situación impida hacer una ceremonia de despedida, tanto religiosa como civil, en el momento del fallecimiento, esta se realice después, aunque haya pasado un tiempo.
Consejos para superar un duelo sin despedida
- Piense que su ser querido no ha fallecido solo. El personal sanitario, sus cuidadores u otros seres queridos le han acompañado hasta el final, dándole todo su afecto y cariño.
- Deje aflorar sus emociones y no las evite. Debe dar espacio a sus pensamientos y sentimientos.
- Permanezca en contacto con sus allegados. Si no pueden verse en persona, conecte con ellos de forma telefónica o virtual. Esto le permitirá compartir el dolor y combatir los sentimientos de soledad.
- No busque culpables ni tampoco se atormente pensando si podía haber hecho algo más. Las circunstancias son las que han impuesto los hechos.
- Despídase. Escribir una carta de despedida es una forma simbólica de comunicarse con el ser querido que ya no está y decirle todo aquello que no tuvo ocasión de expresarle antes de irse.
- Organice un homenaje de acuerdo con sus valores y creencias. Hágalo cuando sea posible, no importa el tiempo que haya pasado. Reúna a los suyos para hacer esta despedida.
- Si se siente sobrepasado, busque ayuda. Hay muchos profesionales que le pueden asistir y grupos de terapia a los que acuden personas que han vivido lo mismo que usted.
El duelo infantil
Cuando un familiar nos deja, los adultos nos encontramos ante la difícil situación de explicar a los niños de la familia qué es la muerte y todo lo que conlleva. Su curiosidad hace que realicen infinitas preguntas. Durante el proceso de duelo infantil probablemente tengamos que responder a cuestiones tan directas como estas:
¿Cómo es el cielo?
Debemos explicarles cómo nos lo imaginamos y ayudarles a crear este recuerdo. Por ejemplo: “el cielo es un lugar de mi memoria donde el abuelo está en el campo, como a él le gustaba, dando un paseo”.
¿Cuándo vuelve?
Con frecuencia, los niños piensan que la muerte es algo reversible. Es necesario aclararles que la persona que ha fallecido no va a volver. De nuevo aquí, conviene llevarlos al lugar donde nos imaginamos que se encuentra nuestro ser querido.
¿Duele morirse?
Hay que intentar tranquilizarles para no generarles angustia. Podemos explicarles que los médicos hacen todo lo posible para que no duela.
¿Tú te vas a morir?
Debemos aclararles que en algún momento todos vamos a morir, que la muerte va unida a la vida, pero que lo normal es que nos muramos dentro de mucho, mucho tiempo. Es necesario hacerles ver que siempre van a estar cuidados y seguros.
¿Yo me voy a morir?
Es normal que los niños pregunten si ellos también van a morir. Una vez más, les recordaremos que todos vamos a fallecer, pero que eso sucederá dentro de muchísimo tiempo, cuando sea muy mayor y haya hecho muchas cosas.
Las mejores respuestas son aquellas que dejan al niño más tranquilo y además sean verdad. Cuando nos enredamos en respuestas complicadas, que tienden a la fantasía, lo único que podemos conseguir es que el niño se sienta confuso o engañado cuando crezca y comprenda la realidad. Debemos ser sinceros y tratarles con empatía. Cuando no sepamos qué responder, lo más sensato es ser honestos diciendo: “lo siento, pero no sé qué contestarte”.
El libro Hablemos de duelo, publicado por FMLC (Fundación Mario Losantos del Campo) en colaboración con Parcesa, es una guía para ayudar a los adultos a hablar de la muerte con los niños y adolescentes. Puede descargarlo gratis con este código QR.


