BlogMujer joven junto a mujer de avanzada edad que sostiene una tablet

Cohousing, coliving senior, viviendas intergeneracionales… son términos cada vez más familiares. En una sociedad que tiende al envejecimiento, en la que los cuidados se proporcionan mayoritariamente fuera del entorno familiar, las personas mayores buscan opciones para vivir en comunidad sin perder su independencia.

El aumento de la longevidad, el creciente número de personas sin descendencia o que, aunque tengan hijos, no quieren ser una carga para nadie son circunstancias que han impulsado la necesidad de crear soluciones habitacionales para el colectivo senior más allá de las residencias tradicionales.

Hoy en día es frecuente vivir hasta una edad avanzada en condiciones físicas y mentales muy aceptables pero, a veces, la soledad es una carga difícil de soportar para los mayores. La idea de una vida comunitaria, que proporcione sentido de pertenencia sin restar autonomía, va arraigando en España, tanto en iniciativas promovidas por grupos senior como por empresas públicas o privadas.

Cohousing senior o vivienda colaborativa

Estos términos hacen referencia a un grupo de personas que se unen para poner en marcha un proyecto comunitario, habitualmente en régimen de cooperativa, en el que hay viviendas privadas y espacios comunes. Es fundamental que los miembros compartan valores y estilo de vida porque ellos se encargarán de autogestionar el proyecto, definir sus características y tomar decisiones conjuntas.

Este concepto nació en Dinamarca en los años setenta del siglo XX, cuando varios colectivos, insatisfechos con las viviendas tradicionales y el aislamiento de la sociedad, decidieron formar comunidades colaborativas. Con el tiempo, se expandió a otros países, como Suecia, Países Bajos y Estados Unidos, donde comenzó a adaptarse a diferentes grupos de edad. En 1985, los estadounidenses Kathryn McCamant y Charles Durrett acuñaron la expresión “cohousing”.

Inicialmente no estaba dirigido a personas mayores, pero pronto se vieron sus ventajas para este público y se empezó a definir el cohousing senior. En 1987, un grupo de mujeres solteras de edad avanzada establecían en Dinamarca la primera comunidad de este tipo.

En España, el cohousing senior es relativamente reciente y su presencia es aún pequeña, pero se va afianzando. De hecho, existen entidades especializadas que ayudan a los socios a plasmar estos proyectos. Al igual que en otros países, se trata de cooperativas con el sistema de cesión de uso, en las que la cooperativa tiene la propiedad o derechos para disponer del suelo y los socios tienen derecho a usar su vivienda y los espacios comunes por un tiempo o de forma indefinida, según las condiciones de cada título. Para ello, se suele entregar una cantidad de dinero a cambio de obtener la condición de cooperativista. Este importe es reembolsable al darse de baja por fallecimiento o por salir de la cooperativa. Además, se abona una cuota periódica destinada a pagar las obligaciones financieras y al mantenimiento del recinto. Ni la transmisión del título cooperativo ni la cuota periódica están sujetas a la evolución del mercado, por lo que no generan enriquecimiento en los cooperativistas.

Aparte de la capacidad económica, es importante conocer otros requisitos de acceso a estas comunidades. Aunque cada una tiene los suyos propios, en general, la edad mínima de ingreso son 50-55 años y la edad máxima 70-75 años. Casi siempre es condición indispensable ser independiente en el momento de entrada y en ocasiones se pide acreditar un buen estado de salud mediante certificado médico.

Otro factor esencial es saber qué sucederá cuando la persona sea dependiente, algo que en un cohousing senior acabará afectando a una parte de sus miembros. Esto es algo que debería quedar detallado desde un principio en cada comunidad, especificando hasta qué grado y tipos de enfermedades en los que  se prestarían cuidados, pero no todas contemplan esta circunstancia. Las que sí lo hacen cuentan con unidades de dependencia o espacios para facilitar cuidados médicos las 24 horas del día. Algunas especifican que ofrecen un “cohousing finalista”, de manera que las personas podrán permanecer en sus instalaciones hasta el final, mientras no precisen atención hospitalaria.

Coliving senior

Es una forma de vivienda compartida donde los residentes alquilan habitaciones o apartamentos privados en un edificio, gestionado por una empresa, que incluye áreas comunes, como salas, cocinas, gimnasio, restaurante, zonas de trabajo y ocio, etc. En el coliving senior, las edificaciones están pensadas para atender a las personas mayores, eliminando las barreras arquitectónicas e incluyendo a menudo servicios como la atención sanitaria básica.

A veces se confunde con el cohousing porque ambos comparten el objetivo de fomentar la vida comunitaria, pero son planteamientos de vivienda diferentes. En el coliving el residente paga un alquiler a la empresa gestora, las estancias pueden ser temporales o permanentes, no conlleva un compromiso de participación en la comunidad y los precios varían en función de la calidad y las prestaciones de cada complejo.

En España, el coliving senior ha ido ganando popularidad como alternativa a las residencias tradicionales. De entrada, se ubicaban preferiblemente en zonas turísticas debido a la demanda de los extranjeros que deciden venir aquí tras jubilarse, pero ahora todas las grandes ciudades españolas cuentan con complejos de este tipo, algunos dotados con lujosas estancias.

Quienes eligen trasladarse a un coliving senior destacan que así evitan el aislamiento social, al compartir actividades con otros residentes, con la flexibilidad de decidir el tiempo de estancia, sin comprometerse a largo plazo. También valoran la posibilidad de contratar servicios adicionales como limpieza, lavandería o restaurante, lo que facilita su día a día.

Sin embargo, el coliving tiene limitaciones si la persona empieza a ser dependiente, ya que está pensado para quienes son capaces de gestionar su vida diaria. Cuando la persona mayor tiene dificultades para cuidar de sí misma, una residencia de ancianos puede atender mejor sus necesidades al contar con personal médico o cuidadores las 24 horas del día. El coliving senior, si bien puede tener servicios de asistencia, no está enfocado al cuidado médico intensivo.

Convivencia intergeneracional

El intercambio de experiencias entre varias generaciones ha demostrado ser muy enriquecedor para todos los participantes. Algunos cohousing admiten a personas de todas las edades, favoreciendo que los más jóvenes apoyen a los mayores haciéndoles recados o llevándoles comida y medicamentos cuando están enfermos.

En Holanda la convivencia de juventud y mayores se da en las propias residencias geriátricas, que proporcionan alojamiento gratis a los estudiantes a cambio de compartir tiempo con los residentes mayores.

España ha sido uno de los primeros países en desarrollar programas de cohabitación entre mayores y jóvenes. Para acogerse a ellos, las personas mayores deben ser independientes y poseer una casa o un piso con espacios libres.

Los jóvenes suelen ser estudiantes universitarios que necesitan un lugar donde vivir. De este modo, los mayores se sienten acompañados y seguros, mientras los estudiantes disponen de una habitación pagando una cantidad simbólica que ayude a sufragar los suministros.

Compartir casa con otras personas mayores

También en el ámbito privado hay propuestas para compartir piso, al estilo de series de televisión como “Las chicas de oro”, en la que convivían cuatro mujeres mayores, una de las cuales era la propietaria de la vivienda y el resto le pagaban un alquiler. Éste es probablemente el deseo de muchas personas que viven solas para sentirse acompañadas en la vejez y ahorrar dinero al compartir gastos, pero la realidad se complica cuando alguno de los convivientes pasa a ser dependiente. A veces las viviendas necesitan reformas para ser adaptadas o la contratación de cuidadores que no todos están dispuestos a pagar, salvo que sean un grupo muy cohesionado.

Para que este modelo funcione, lo más razonable es que los cuidados de los convivientes estén supervisados por los servicios sociales, que valorarán cada caso. En Alemania es bastante común la vivienda compartida en la que las personas mayores comparten gastos, hacen una vida independiente y reciben el apoyo de cuidadores según su estado.

En España lo más parecido son las viviendas o pisos tutelados, cuya concesión depende de las comunidades autónomas y los ayuntamientos. En estos alojamientos conviven pequeños grupos de personas no dependientes -la mayoría con escasos recursos económicos- bajo la asistencia de los servicios sociales. De este modo, pueden mantener una vida activa y recibir ayuda sin tener que ingresar en un centro residencial.

Otro referente muy interesante son los denominados “apartamentos para toda la vida”, muy consolidados en Holanda, que pueden ser comprados o alquilados por mayores de 55 años que sean independientes en el momento de entrar.

Normalmente están situados en zonas que permiten a los residentes permanecer integrados en su entorno, afrontando sin salir de estos hogares el deterioro físico y cognitivo propios del envejecimiento. Tal y como se explica en el estudio “Modelos de alojamientos alternativos para personas mayores” (Dirección General de Mayores del Ayuntamiento de Madrid), lo que distingue a estos apartamentos es que ofrecen la posibilidad de que la persona mayor viva en su apartamento hasta su fallecimiento, incluso cuando requiera cuidados previos de enfermería o se encuentre en situación de dependencia. Al parecer, esta continuidad en la vivienda habitual, cerca de familiares y amigos, alivia el miedo y la ansiedad que para algunas personas supone el traslado a una residencia.

En definitiva, se trata de alternativas que necesariamente se irán abriendo camino ante los cambios demográficos que se imponen. Cada una tiene sus peculiaridades pero en todas hay un mismo objetivo: promover una vejez activa, con el máximo bienestar y compartida con otras personas.