BlogMano de persona de mediana edad sujetando mano de persona mayor

Vivimos en un mundo cada vez más conectado, pero la soledad no deseada en las personas mayores es uno de los grandes males de nuestra sociedad. El riesgo de aislamiento se incrementa con la edad, a medida que los vínculos sociales se debilitan y las personas van perdiendo autonomía.

En esta etapa es fundamental que existan acciones de acompañamiento para preservar el bienestar emocional y físico de los mayores, un reto en el que Parcesa colabora a través de Nadiesolo Voluntariado.

La soledad no deseada en España

El envejecimiento poblacional y la soledad no deseada en personas mayores son una realidad creciente.

En España hay más de 9 millones de habitantes mayores de 65 años, el 19,4 % de la población total. A partir de esta edad, se incrementa de forma significativa el número de hogares unipersonales. Según la “Encuesta continua de hogares 2020” del INE, el 43 % de los españoles que viven solos tienen más de 65 años, lo que equivale a 2.131.400 personas, de las que un 70,9 % son mujeres, si bien la proporción de hombres ha subido en los últimos años.

Todo apunta a que esta tendencia seguirá al alza, aunque en España las cifras son todavía menores que en otros países.

Mientras la persona está activa y su estado general es saludable, vivir solo es para muchos la situación perfecta, pero cuando se van perdiendo capacidades y la edad avanza, aumenta la probabilidad de vivir en soledad no deseada y sus consecuencias.

De hecho, existe una correlación entre el aislamiento social y la discapacidad porque los mayores que están solos son más vulnerables y, por tanto, proclives a sufrir secuelas emocionales, psicológicas y físicas.

Estos efectos se hicieron aún más evidentes durante la pandemia por la incertidumbre y la falta de contacto con otras personas.

Cómo afecta la soledad en las personas mayores

El impacto negativo que tiene el aislamiento social ha llevado a considerar en ocasiones un tema de salud pública. El Cirujano General de Estados Unidos, Vivek H. Murthy, en su libro “Juntos. El poder de la conexión humana” (Editorial Crítica), destaca que la soledad contribuye a muchas de las epidemias que azotan el mundo hoy en día, como la adicción al alcohol y las drogas, la violencia, la depresión y la ansiedad.

En algunos países, la soledad forma parte de su política sanitaria. En el Reino Unido, donde más de 9 millones de habitantes aseguran sentirse solos y una de cada tres personas mayores de 75 años afirman que no pueden controlar sus sentimientos de soledad, se creó en 2018 un Ministerio de Soledad. En marzo de 2021, Japón decidió también constituir un Ministerio de Soledad, tras conocer el preocupante incremento de suicidios durante la pandemia.

En Francia funciona desde 2014 el proyecto “Mona Lisa”, una red para luchar contra el aislamiento social de los mayores en la que colaboran la sociedad civil y las administraciones públicas.

En España hay diversas iniciativas, en su mayoría privadas, para sensibilizar sobre este problema y ayudar a los mayores que viven solos.

Una de ellas está liderada por la fundación Nadiesolo Voluntariado, que desde 1995 desarrolla programas de voluntariado para personas que sufren soledad no deseada. En la actualidad cuenta con más de 2.200 voluntarios que acompañan a más de 73.000 personas en la Comunidad de Madrid, La Rioja y Castilla y León.

Desde 2021 Parcesa mantiene un acuerdo de colaboración con esta entidad con el fin de apoyar el acompañamiento a mayores en la Comunidad de Madrid. A través de este proyecto, los voluntarios de Nadiesolo acuden cada semana al domicilio de personas que se sienten solas, contribuyendo a fomentar un envejecimiento más saludable.

La labor de los voluntarios en el acompañamiento a personas mayores

El Sistema Estatal de Dependencia considera a los voluntarios un agente más en la atención a los mayores. Su acompañamiento desinteresado les aporta numerosos beneficios:

1. Se ralentiza el deterioro emocional y psicológico del mayor, al mejorar su autoestima y activar sus habilidades conversacionales y memorísticas.

2. Acercan al mayor que está solo a su barrio y entorno social.

3. Los acompañan a consultas médicas.

4. Realizan con ellos ejercicio físico (paseos), planes de ocio y pequeñas gestiones.

Consecuencias de la discriminación por edad o edadismo

La edad no solo es una de las primeras características que observamos en otras personas, sino que además es algo que solemos utilizar para categorizar al otro, ocasionándole a veces desventajas y menoscabando la solidaridad intergeneracional.

Cuando esto sucede, hablamos de edadismo, una discriminación que puede darse en cualquier etapa de la vida, pero que aumenta en las edades más avanzadas.

El “Informe mundial sobre el edadismo”, publicado por Naciones Unidas en marzo de 2021, advierte que una de cada dos personas son edadistas con las personas mayores, lo que implica un grave impacto en su salud y bienestar, con los siguientes efectos:

  • Una menor esperanza de vida, una salud física y mental más deficiente, una recuperación más lenta de la discapacidad y un deterioro cognitivo.
  • Un aumento del aislamiento social y la soledad, ambos asociados a graves problemas de salud.
  • Puede aumentar el riesgo de violencia y abuso contra las personas mayores.
  • Una mayor pobreza e inseguridad económica de las personas en la vejez.

Una de las medidas propuestas para frenar estas consecuencias es fomentar el contacto intergeneracional, por ejemplo, estableciendo modelos alternativos de vivienda como la cohabitación entre mayores y jóvenes, además de crear un movimiento para cambiar el actual discurso sobre edad y envejecimiento.

“La soledad es muy hermosa… cuando se tiene alguien a quien decírselo”

– Gustavo Adolfo Bécquer –