BlogFeliz Día de los Abuelos

El día 26 de julio es el Día de los Abuelos que, como todos sabemos, son un pilar imprescindible en la vida de los nietos porque les transmiten todo su cariño, sabiduría, tranquilidad, experiencia… Este beneficio es mutuo, ya que los nietos enriquecen emocionalmente a los abuelos y les proporcionan una conexión con la vida y con otros aspectos que consideraban perdidos.

Hoy en día ese vínculo se ha reforzado aún más. La organización familiar, las necesidades de cuidado que surgen al trabajar ambos progenitores y el mayor tiempo que pasan los mayores con los niños de la casa, consiguen que esa unión sea más fuerte y positiva para todos.

Además, las tradiciones y las lecciones de vida que enseñan los abuelos es algo que perdurará en la memoria de los niños para siempre ¿Quién no se acuerda de la sensación de entrar en casa de los abuelos, de sus abrazos, de sus guisos o de sus costumbres? Es algo que nunca se olvida. 

Cómo decirle a un niño la muerte de su abuelo

Es muy importante saber cómo apoyar a los niños si fallece uno de los abuelos, ya que, por ley de vida, tendrán que enfrentarse a su muerte en algún momento. Como adultos, debemos saber ayudarles a gestionar su dolor y el nuestro.

Proponemos algunas pautas que pueden ayudar a que los niños sientan el apoyo necesario y dispongan de las herramientas necesarias para superar la muerte de un abuelo, atravesar ese duelo y los posteriores que vivirán:

  • Dar respuesta a sus preguntas. Siempre con palabras adaptadas a su edad y con reflexiones que puedan comprender. 
  • No sentir que debemos saberlo todo. Muchas veces es mejor responder con un “no sé” a meternos en explicaciones enrevesadas que generan más confusión.
  • Dejarles expresar su dolor. Cada niño es único, puede que manifieste sus sentimientos en el momento del fallecimiento o después. Debemos respetar su ritmo. 
  • Hay que explicar a los niños que la muerte no es un castigo, sino que forma parte de la vida desde el momento en el que nacemos.
  • Tener mucho cuidado con el sentimiento de culpa, ya que es una emoción que puede enquistarse y dificultar el proceso normal de duelo.
  • Armarse de paciencia, ya que es posible que los niños realicen las mismas preguntas una y otra vez. Debemos responderles con tranquilidad y serenidad.
  • Si podemos anticipar la muerte, es fundamental que el niño esté integrado en todo el proceso explicándole que el abuelo/a está enfermo/a e invitándole a participar en los cuidados. Deben ser ellos los que decidan si quieren participar una vez que les hayamos dado toda la información necesaria.
  • Hay que tener mucho cuidado al asociar la muerte con una enfermedad, ya que podrían tener miedo a cualquier enfermedad en el futuro. Se debe explicar la gravedad y el motivo por el que va a fallecer (su corazón no funciona, su riñón está enfermo y no puede realizar las funciones que permiten vivir, etc)
  • Hacerles partícipes de los homenajes: por ejemplo, plantar un arbolito o tener una planta en honor a la persona fallecida que el niño cuide y le haga sentirse responsable, importante y especial.

Otra duda que aparece en estos momentos es si deben asistir o no al funeral. En el artículo “¿Llevo a mi hijo al tanatorio y al funeral?” facilitamos las pautas necesarias para tomar esa decisión. 

Dependiendo de la edad, debemos estar pendientes de posibles expresiones de dolor y del modo en el que podemos ayudarles:

  • Niños de 2 a 4 años: se pueden producir regresiones a hábitos extinguidos como usar chupete, hacerse pis en la cama, problemas para dormir o rabietas. Para consolarlos debemos ser honestos y mostrarles tranquilidad y afecto. También es muy importante mantener sus rutinas y utilizar el juego como medio de superación del duelo.
  • Niños de 4 a 7 años: a esta edad todavía se percibe la muerte como algo reversible. Se les debe indicar que no vamos a poder ver a la persona que ha fallecido, pero que estará en nuestro recuerdo y que siempre que queramos podemos ver fotos suyas, contar recuerdos o visitar lugares que eran especiales. Los niños pueden presentar pesadillas, cambios en el sueño y alimentación, o falta de atención en el colegio. Debemos animarlos a expresar sus sentimientos, sobre todo mediante dibujos e historias, y hablarles mucho de la persona que falleció, para que entiendan que nunca caerá en el olvido.
  • Niños de 7 a 13 años: la comprensión sobre la muerte se va consolidando. A esta edad pueden sufrir regresiones, problemas escolares y aislamiento social. Además, crece el miedo a que al resto de su entorno le pase lo mismo y pueden obsesionarse con su propia salud. Conviene hablar con naturalidad de la muerte, dejarles espacio para que se comuniquen con nosotros, favorecer las salidas y, sobre todo, responder con honestidad a todo lo que pregunten.
  • Adolescentes: pueden presentar tristeza extrema, negación, conductas de riesgo, depresión y mal comportamiento. Se debe estimular la comunicación, si no es con la familia directa, con los amigos o personas de su entorno. Debemos permitirles llorar, además de mantenernos disponibles para cuando necesiten su espacio de desahogo. 

El duelo compartido duele menos. Se trata de vivir el proceso en familia, permaneciendo física y emocionalmente cerca de los más pequeños. De esta forma sentirán afecto y tendrán las herramientas necesarias para atravesar la pérdida de sus abuelos (y otras que puedan suceder) de la manera más sana posible.

Nerea Benito Escudero

Psicóloga clínica experta en duelo

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