No todas las pérdidas duelen igual a los ojos de los demás. Es relativamente común quitar importancia a la muerte de una mascota o de la pareja en la vejez (“es ley de vida”). Otras veces, la persona no puede expresar abiertamente su dolor porque ha perdido a una pareja con la que mantenía una relación oculta. Son los denominados “duelos desautorizados”, que no cuentan con el reconocimiento de la sociedad a pesar del sufrimiento que ocasionan.
¿Qué son los duelos desautorizados?
Los duelos desautorizados pueden surgir en situaciones como la pérdida de mascotas, abortos espontáneos, el fallecimiento de la pareja durante la vejez o, incluso, en rupturas sentimentales o pérdidas de empleo, donde las personas que nos rodean no entienden totalmente nuestra tristeza o dan menos importancia al impacto de nuestra pérdida.
Pueden manifestarse de diversas formas: desde la minimización de nuestros sentimientos por parte de otros, hasta la falta de reconocimiento del efecto real que la pérdida tiene en nuestras vidas.
Cuando se sufre una pérdida, resulta muy reconfortante sentir el apoyo y la comprensión de los demás para hacer más llevadero el duelo. Sin embargo,
hay pérdidas que se silencian, se ocultan e, incluso, se ridiculizan. Cuando esto sucede, la persona puede sentirse desamparada y experimentar una gran tristeza que no puede compartir. Es más, la falta de apoyo puede llevarle a cuestionar la legitimidad de su dolor, contribuyendo a una mayor angustia emocional y complicando la recuperación.
¿Cuáles son las causas de un duelo desautorizado?
Un duelo desautorizado puede aparecer en distintas situaciones en las que la sociedad o el entorno no reconocen la validez de nuestro dolor. Las principales causas que pueden provocar este tipo de duelo son:
- La muerte de una expareja. “Pero si ya no estabais juntos, ¿por qué te duele tanto?”
- Perder a la pareja en la vejez o a padres muy ancianos, quitándole importancia porque es “ley de vida”.
- Abortos espontáneos o voluntarios. “Mejor así. Ya tendrás otro embarazo cuando quieras”.
- Relaciones secretas (amantes, parejas LGBTIQ+ en contextos homofóbicos). “Esa relación no era real”.
- Suicidios. “Es lo que él/ella eligió”. En estos duelos hay además un estigma social muy acentuado que incrementa los sentimientos de vergüenza.
- Mascotas, cuya pérdida es minimizada por quienes no comprenden el vínculo afectivo. “¿Cómo puedes llorar si solo era un perro?”
- Duelo por personas encarceladas o socialmente condenadas. “Después de todo lo que hizo, ¿por qué lloras?”
- Duelo por personas con discapacidad intelectual o salud mental estigmatizada.
- El doliente no es reconocido: no se da importancia a los sentimientos de la infancia, las personas con discapacidad, personas mayores, cuidadores…
- Factores culturales. En algunas comunidades, las emociones se ven como signos de debilidad, y los hombres, por ejemplo, deben hacer duelos silenciosos por mandato de género. También influyen la religión, la política o las normas familiares.
Todas ellas representan formas de dolor muy profundo que no reciben el permiso de la sociedad para existir.
¿Cómo surgió el concepto de “duelo desautorizado”?
Aunque la experiencia que describe estos duelos no es nueva, el concepto de “duelo desautorizado” (disenfranchised grief) fue acuñado por el psicólogo estadounidense Kenneth J. Doka en 1989, cuando publicó el libro Duelo desautorizado: reconociendo el dolor oculto. En esta obra, Doka planteaba que algunas personas sufren pérdidas que no pueden admitirse abiertamente o ser lloradas públicamente, lo que complica el proceso de duelo. Su objetivo era visibilizar un tipo de sufrimiento emocional que quedaba fuera del radar clínico y social.
Desde entonces, la investigación y la práctica clínica han ampliado esta idea, especialmente en campos como la psicología del duelo, la tanatología y los cuidados paliativos.
Más recientemente, durante la pandemia del COVID-19, el término cobró nueva fuerza, cuando millones de personas vivieron duelos sin ceremonia de despedida, sin abrazos y sin haberse podido despedir de sus seres queridos, lo que, en palabras de algunos especialistas, generó una “epidemia de duelos desautorizados”. La pandemia puso de manifiesto que los rituales y las despedidas sociales son clave para aceptar la pérdida y que el duelo se vive mejor con acompañamiento.
¿Qué dice la psicología sobre los duelos desautorizados?
Los duelos desautorizados no solo afectan a la capacidad para enfrentar la pérdida, sino que también pueden tener repercusiones en la salud emocional a largo plazo. Cuando el entorno niega el derecho al duelo, se bloquea la sanación. El individuo puede tener síntomas como aislamiento emocional, vergüenza, culpa, depresión, ansiedad…
Una de las sensaciones más comunes es percibir que los demás no se toman en serio la pérdida sufrida. En estos casos es lógico sentirse ignorado e incomprendido, intensificando la angustia emocional y llevando a la persona a encerrarse aún más en sí misma.
Otra consecuencia habitual del duelo desautorizado es que la persona se cuestione si realmente tiene derecho a sentirse tan afectada. Esto puede generar confusión emocional y dificultad para procesar los sentimientos de manera constructiva.
En estas circunstancias es fundamental encontrar la manera de sanar emocionalmente porque, como advierte Neimeyer, “la narrativa del doliente necesita ser escuchada, no silenciada. Cuando el dolor es invalidado, el riesgo de complicaciones psicológicas aumenta” (Reconstrucción del significado y la experiencia de la pérdida, 2002).
También Elisabeth Kübler-Ross, pionera en el estudio del duelo y la muerte, subrayó la importancia de aceptar las emociones durante el duelo, afirmando que «las emociones negadas no desaparecen; salen más tarde de peores maneras».
¿Cómo superar un duelo desautorizado?
Superar el duelo desautorizado requiere tiempo, autocompasión y, a veces, la búsqueda activa de fuentes de apoyo que ayuden a aceptar lo sucedido.
Los expertos coinciden en que asumir la realidad es la primera etapa de sanación. Aunque el entorno más próximo no comprenda a la persona, una buena alternativa es acudir a grupos de apoyo especializados, colectivos que han pasado por vivencias similares, hacer rituales de despedida o escribir un diario, entre otras opciones.
Como decía Kübler-Ross, “el dolor compartido es dolor reducido a la mitad”. Por ello, es recomendable mantener relaciones con personas que entiendan la situación y puedan brindar el apoyo que se necesita.
Del mismo modo, cuando el doliente tenga que oír por parte de sus familiares y amigos palabras que le hacen daño, hay que distanciarse y poner límites: “Puede que no lo entiendas, pero para mí era muy importante y necesito vivir mi dolor.”
Siempre hay que tener presente que el duelo desautorizado es una herida doble: la de la pérdida y la del silencio. Independientemente de cómo lo perciba el entorno personal, es imprescindible tomar conciencia de los propios sentimientos. La persona debe expresar su dolor sin sentirse juzgada.
Al mismo tiempo, la sociedad debe aprender a respetar el dolor ajeno, incluso cuando no lo comprende. Porque todo duelo merece su espacio, su tiempo y su voz.
Kenneth Doka subraya que, en una cultura donde el duelo aún es un tabú, aflorar estas formas ocultas de aflicción puede marcar la diferencia entre una herida que cicatriza y una que se vuelve crónica. Su mensaje es rotundo: toda pérdida significativa merece ser llorada, y todo doliente tiene derecho a su proceso, sin importar a quién perdió o cómo fue la relación.
Preguntas frecuentes sobre los duelos desautorizados
¿En qué se diferencia un duelo desautorizado de un duelo convencional?
A diferencia del duelo convencional, en el que se espera recibir comprensión, consuelo y apoyo emocional por parte de los demás, el duelo desautorizado carece de ese reconocimiento externo. Esto puede llevar a que la persona dude de la legitimidad de su propio dolor, lo que intensifica la sensación de pérdida y dificulta el proceso de recuperación.
Por ejemplo, puede ocurrir que alguien pierda a su mascota, su compañera durante años, y su entorno no comprenda la magnitud del vínculo ni del sufrimiento que implica. O que una persona viva un aborto espontáneo y sienta que la sociedad no lo considera una pérdida real, invisibilizando su dolor.
¿Cuáles son los síntomas de un duelo desautorizado?
Reconocer que estamos viviendo un duelo desautorizado es el primer paso para poder afrontarlo. Por ello, identificar las señales que lo acompañan nos ayudará a comprender mejor lo que sentimos y a buscar el apoyo que necesitamos. Los síntomas más comunes que pueden indicar la presencia de un duelo desautorizado son:
Sentirse ignorado o incomprendido
Cuando atravesamos una pérdida y percibimos que los demás no toman en serio nuestro dolor, es normal sentirnos ignorados o incomprendidos. Esta falta de validación puede intensificar la sensación de soledad y hacer que el sufrimiento emocional se vuelva aún más profundo.
Dudas sobre la legitimidad del dolor
Una de las consecuencias más frecuentes del duelo desautorizado es cuestionarse si realmente se tiene “derecho” a estar tan afectado. Estas dudas pueden generar confusión, culpa y dificultad para procesar la pérdida de manera sana y equilibrada.
Necesidad de ocultar los sentimientos
Cuando sentimos que nuestro entorno no valida lo que estamos viviendo, tendemos a minimizar o esconder nuestras emociones para evitar juicios o comentarios hirientes. Sin embargo, reprimir el dolor solo prolonga el malestar y retrasa el proceso de aceptación y sanación.
¿Cómo afecta el duelo desautorizado a la salud emocional?
El duelo desautorizado no solo afecta a nuestra capacidad para afrontar una pérdida, sino que también puede tener repercusiones significativas en nuestra salud emocional a largo plazo. Cuando nuestros sentimientos de dolor, tristeza o frustración no son validados por el entorno, es habitual experimentar una sensación de aislamiento emocional. En palabras de la psicóloga y escritora Lorena Pronsky, en su libro Rota se camina igual, no se debe importunar a quienes atraviesan un duelo con consejos no solicitados, sino simplemente acompañarlos y darles apoyo desde la empatía y el respeto.
El reconocimiento social del dolor es fundamental para transitar un proceso de duelo saludable. Sin embargo, cuando este reconocimiento no se da, la recuperación emocional se complica y el proceso puede volverse más largo y difícil. La psicoterapeuta experta en duelo y procesos de acompañamiento Alba Payàs Puigarnau, en El mensaje de las lágrimas, destaca la importancia de acompañar a las personas en duelo permitiéndoles expresar libremente su dolor, sin restricciones ni juicios.
Además, el duelo desautorizado puede tener un impacto directo en la autoestima. La falta de validación puede llevar a la persona a cuestionar su propio derecho a sufrir, preguntándose si su dolor es legítimo o si está exagerando, lo que genera una profunda inseguridad emocional y dificulta la sanación.
¿Cómo afrontar un duelo desautorizado?
Superar el duelo desautorizado requiere tiempo, autocompasión y, en algunas ocasiones, la búsqueda activa de fuentes de apoyo que nos ayuden a aceptar nuestras emociones. Para afrontarlo de manera constructiva, es importante validar los propios sentimientos. Elisabeth Kübler-Ross subrayó la importancia de reconocer las emociones durante este proceso, afirmando que «las emociones negadas no desaparecen; se entierran vivas y salen más tarde de peores maneras». Independientemente de cómo los perciba nuestro entorno, es fundamental que reconozcamos lo que sentimos, permitiéndonos experimentar y expresar el dolor sin miedo al juicio o la incomprensión.
También es esencial buscar apoyo en nuestro entorno. Mantener vínculos con personas que comprendan nuestra situación y puedan darnos acompañamiento emocional puede marcar una gran diferencia. Amigos cercanos, familiares o grupos de terapia pueden ofrecernos un espacio seguro donde sentirnos arropados por quienes han pasado por experiencias similares.
Otra herramienta que puede ayudarnos a afrontar un duelo desautorizado es la educación sobre el duelo. Informarnos acerca de los diferentes tipos de pérdida y de cómo impactan en nuestra vida nos ayuda a entender mejor nuestro propio proceso y a comunicar con mayor claridad nuestras necesidades a los demás.
Finalmente, si nos resulta difícil manejar nuestras emociones o sentimos que el dolor nos desborda, puede ser muy beneficioso buscar ayuda profesional. Los psicólogos especializados en procesos de duelo cuentan con los recursos y estrategias necesarios para guiarnos en la elaboración del dolor de manera saludable y constructiva.

