La mayoría de los españoles coincide en cuáles son sus mayores temores a la hora de afrontar la vejez, pero muy pocos toman medidas para facilitar una calidad de vida mejor. El ahorro, estar activos y bien informados son aspectos clave para que el camino hacia el final sea más tranquilo y se viva con aceptación.
¿Cómo planificar la vejez?
Planificar la última etapa de la vida es una tarea pendiente para la mayoría de los españoles. Pocas veces nos preguntamos: “¿Cómo quiero que sean mis últimos años de vida?”, bien por desconocimiento o por el miedo a afrontar la idea de que un día llegarán. Esperar hasta el final para tomar medidas es, sin embargo, un error que nos lleva a vivir con mayor temor e incertidumbre una etapa que, de otra manera, podríamos disfrutar.
Entre los mayores miedos de la sociedad al afrontar los últimos años están, según un estudio de Manuel Alfaro e Ismael Vallés, “La planificación de la última etapa de la vida. Claves para afrontar el envejecimiento y el aumento de la esperanza de vida” (2021), convertirse en una carga para la familia, sufrir una enfermedad o la falta de recursos económicos, pero lo cierto es que muy pocas personas toman decisiones para prevenir esas situaciones.
El Instituto Nacional de Estadística indica que la esperanza de vida en España ha ido aumentando en los últimos años —con un leve retroceso en 2020, el año del estallido de la Covid-19— hasta alcanzar los 82,4 años. Una cifra que sigue superando a la media de la Unión Europea, incluso si tomamos como referencia los datos anteriores a la pandemia, ya que, de acuerdo con Eurostat, un europeo medio tenía en 2019 una esperanza de vida de 81,3 años. Vivimos más años y lo hacemos, por lo general, con una mejor calidad de vida, pero eso implica que dejar organizados los últimos años sea todavía más necesario.
A partir de la jubilación, los ciudadanos disfrutan de unos años en los que más de la mitad afirman sentirse bien o bastante bien.
Ese bienestar depende de varios factores que conviene tener en cuenta mucho antes de retirarse. Alcanzar la jubilación con tranquilidad económica, buena salud y con los costes asociados a la dependencia cubiertos obedece en gran medida al ahorro, a la vida activa y a la información que hayamos recabado durante la juventud y la adultez.
La importancia de ahorrar para la jubilación
En líneas generales la sociedad es consciente de que ahorrar para la jubilación es fundamental. Al hecho de que sea relativamente frecuente encontrar casos cercanos de personas que han necesitado asistencia en la vejez, se suma el impacto que ha tenido el debate mediático sobre las pensiones y su sostenibilidad. Durante la crisis económica de la anterior década se congeló la subida de las pensiones y, pese a que en los últimos años se han vuelto a ligar al IPC, sigue instalado el miedo a que el sistema cambie próximamente. Además, la inversión de la pirámide poblacional es una realidad y se prevé que la jubilación de la generación del ‘baby boom’ tenga un impacto mayo.
Lo cierto es que los españoles son cada vez más escépticos sobre el futuro de su jubilación. Eso explica por qué 7 de cada 10 ciudadanos consideran importante ahorrar. El caso de los ‘babyboomers’ es significativo. Una encuesta del Instituto BBVA señala que hasta un 70% de los nacidos entre 1957 y 1977 cree que su jubilación será peor que la de los jubilados actuales, pero más de la mitad admite no tener ahorros y que su pensión dependerá exclusivamente de la asignación pública.
El problema de la falta de previsión es extensible a todas las generaciones. Solo cuatro de cada diez españoles ahorran para cuando se jubilen. Bien porque confían en que el sistema público será suficiente, porque su situación económica no se lo permite o porque no son conscientes de la necesidad de hacerlo. Entre los jóvenes también se detecta que la lejanía con la que ven la retirada del mercado laboral hace que no se interesen por el ahorro o que no lo vean como una prioridad.
Quienes guardan una parte de sus ingresos para la jubilación usan como método más común el plan de pensiones. Es uno de los productos financieros más conocidos y algunas empresas lo ofrecen a sus trabajadores como método de fidelización. Otras personas simplemente acumulan una parte de sus ingresos de forma inespecífica pensando en cubrir las necesidades que vayan surgiendo en el futuro. Comparados con los países de nuestro entorno, los españoles somos poco previsores en este aspecto.
Los expertos achacan esta particularidad de nuestro país a una falta de cultura a favor de la planificación, a la pérdida de confianza en el sector bancario o a las crisis económicas que han impedido a la ciudadanía una capacidad de ahorro suficiente como para pensar a largo plazo.
¿Por qué es importante la educación financiera para planificar la jubilación?
La educación financiera es, además, un asunto poco presente en el sistema educativo español. Un estudio elaborado por un grupo de investigadores del Banco de España ha demostrado que cuando los estudiantes de secundaria cursan educación financiera mejoran sus conocimientos bancarios y aumenta su conciencia sobre las ventajas del ahorro.
Una conciencia que todavía no se ha extendido entre la juventud, que concibe la etapa final como algo en lo que no hace falta pensar tan pronto. Los asesores financieros, sin embargo, recomiendan empezar a reservar dinero para la jubilación en el momento en el que se accede al mercado laboral. Eso hace que se adquiera el hábito poco a poco, sin demasiado esfuerzo.
Muchos jóvenes no siguen este consejo porque piensan que deben destinar cantidades elevadas a sus planes de inversión o de ahorro, algo que no está a su alcance, aunque no necesariamente es así. Por ejemplo, una persona de 25 años que ahorre 100 euros al mes tendrá en el momento de su jubilación —42 años después— cerca de 172.000 euros, de los cuales 50.400 serían los ahorros aportados (sin actualizaciones de inflación anual) y el resto la rentabilidad obtenida (una media del 5% anual).
Consejos para afrontar la vejez con tranquilidad
Dejar pagado el entierro
Hay cuestiones relativas al final de la vida que siguen siendo un tabú para la sociedad y que impiden una buena organización en aquello que tiene que ver con las últimas voluntades o el legado. Un buen ejemplo es la decisión de dejar pagado nuestro funeral o entierro. Tendemos a pensar en ello solamente a partir de una edad avanzada, pese a que es un instrumento que debería estar previsto por si surge una adversidad en cualquier momento. Esto será de gran ayuda para las familias y herederos, y evita los conflictos derivados de este tipo de procesos.
Hacer el testamento y el documento de poderes preventivos
Se recomienda tener listo el testamento desde una edad mediana y, en todo caso, desde que se adquieren propiedades o se tiene descendencia. Hay que mencionar también otros instrumentos menos conocidos e igualmente útiles: el documento de voluntades anticipadas (testamento vital) y los poderes preventivos. El primero permite manifestar la voluntad sobre los tratamientos médicos y cuidados de salud deseados al final de la vida o cuando la persona pierda su capacidad de decidir. Los poderes preventivos permiten designar a una persona responsable de decidir cuando el afectado no esté en condiciones de hacerlo.
Según el estudio de Manuel Alfaro e Ismael Vallés, el porcentaje de personas que ha dejado preparado un documento de voluntades anticipadas o unos poderes preventivos es prácticamente residual. Por género, aunque las mujeres se muestran más preocupadas por este tipo de temas y son más conscientes de la conveniencia de organizar el futuro, en la práctica los hombres tienen un nivel de aseguramiento mayor, en parte, porque ellas han llegado más tarde al mercado laboral y por la brecha salarial. Cabe esperar que en los próximos años se vea cómo los parámetros entre hombres y mujeres se igualan.
Cuidar la salud
Priorizar la salud es un hábito que pocos adoptan a cualquier edad, pero hacerlo desde las etapas más tempranas tiene un impacto positivo a largo plazo y ayuda a fijar la costumbre. Pese a ello, la media de edad a la que se percibe la necesidad de cuidarse llega a los 51 años.
Curiosamente, los que consideran aspectos relacionados con su salud suelen tener también más previsión económica sobre la etapa final de su vida. Por tanto, quienes son más conscientes de que trabajar en el presente supone una estabilidad futura entienden que una vejez plena se sustenta en pilares como la salud y la tranquilidad financiera.
Los ciudadanos no solo aspiran a vivir más, sino mejor. Más de un 70% de los españoles admite cuidar su salud para tener una buena calidad de vida futura. La pandemia, además, incrementó el interés por el bienestar, porque ha puesto de manifiesto que una buena condición física ayuda a prevenir otro tipo de enfermedades.
Por otro lado, las personas que afirman cuidar de su salud desde hace tiempo están más mentalizadas sobre el final y lo viven con más aceptación y paz.

